Esto sucedió así: recibo un mensaje de whatsapp de un amigo de la ciudad de La Plata, donde me contaba en el audio que había estado deslumbrando a sus hijos adolescentes con anécdotas del autor de la frase “no se puede hacer más lento”. Se trata del mago René Lavandera, más conocido como Lavand. Yo nunca supe bien cómo se llamaba pero en el barrio tenía un amigo que siempre jodìa con esa frase. Hasta ahí pura información anecdótica y poca galera mágica. Sin embargo, ese mismo día en que había oído el relato de mi amigo, mientras estaba a la mañana en la librería Oliverio, resulta que entra una señora a la tardecita. Esas tardecitas de invierno que cuesta atraer la clientela. Hacía frío y supongo que eso motivó a la señora a revolver cada rincón, incluso un estante escondido y en desuso, con esto quiero decir que tuve que advertir a la señora de que seguramente iba a encontrar más telarañas que reliquias. Debajo de la vidriera había dos cajoncitos con tierra que hacía al menos dos años que estaban allí. Pero el mago no se daba por vencido, y aún con una mano menos, daba que hablar. Al punto que para mi sorpresa la señora logra levantarse del suelo luego de su incursión al cajón arácnido y misterioso, con dos ejemplares que rescata valerosamente con interés. Mi sorpresa mayor trasciende toda probabilidad cuando verifico que eran dos libros de trucos de magia del mismísimo René Lavand! Quiero aclarar que esta historia fue real, de nada serviría que les mienta, sí les puedo mentir y alentarlos a seguir teniendo esperanza de que lo que viene es un mundo mejor. Pero un poco, sí. Hay que bucear y soñar lo imposible, hasta que sea posible, más si se trata de nuestros sueños y derechos pero mejor termino de contarles la historia porque mis posicionamientos políticos ya saben por dónde vienen.
Resulta que le cuento inevitablemente la conversación telefónica que había tenido esa mañana con mi amigo platense. Y para hacer justa la vida, o al menos la tarde de una señora que compra libros en una ciudad balnearia en invierno, le digo: hagamos esto! Un libro se lo regalo y el otro lo guardo a mi amigo para cuando lo vea. La señora se va encantada pero como si fuera poco, cuando se retira, abro el libro que atesoré para mi amigo y aparece una foto nítida del autor de la magia. Así es la escritura y todo proceso creativo, así que lean más y no dejen de pasar a visitarme por la librería ;) GRACIAS
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