“LA INTIMIDAD LITERARIA DEL LIBRERO” por Francisco Fournier
MIRALO A TU ABUELITO (Ilustraciòn original ALAN EPINAL @ALANEPINAL)
Estoy tratando de reflexionar sobre ciertas situaciones cotidianas en la librería. Algunas se instalan como patrimonio anecdotario, sea por la bruteza del hecho o comentario, por su factor cómico o la misma perplejidad que azota los días en este país querido y mutante que es Argentina, y digo esto haciendo alusión a la sociedad argentina.
En esta carta no voy a hablar del candoroso pirata Fabio y sus novelas románticas que han instalado un circuito de apuestas clandestinas entre el grupo de amigos de Oliverio. Pero prometo en algún momento, escribir algo al respecto para elevar el precio de la subasta.
En este caso cito a los extraños personajes que traen cajas de libros usados con el fin de venderlos o en su defecto tener un crédito para el canje. Como siempre están los ambiciosos y también la gente desprendida y caritativa. Pero lo más curioso suele ser el origen de esos lotes de valor oscilante y personal.
Recuerdo la adolescente que caía con libros de Cortázar o García Márquez, que en su momento me venían bárbaro y venía en busca de canjear por juveniles de moda como After u otros furores de vampiros de la época anterior a las berreteadas de los Wattpad. Me aclaraba que eran libros de su abuela que por la periodicidad que me los traía y algunos títulos eran muy buenos, estimo que si su abuela aún estaba lúcida, se los debía robar de la biblioteca, en la típica visita de merienda que hacen los adolescentes que empiezan a dar sus primeros pasos por la calle y terminan sin saber bien a dónde ir, que mejor que la casa de la abuela.
Son comunes también los casos de los nietos o nietas herederas. Uno ya percibe que alguien les pasó el chivo de que en la librería Oliverio compran libros usados y frente a la perplejidad de la biblioteca de los padres o abuelos, cultivada a veces, con muy buen gusto literario, ¿ qué hacer? Estos jóvenes treintañeros o cuarentones que extraviados por los somníferos de la inmediatez de las redes sociales, ya no leen ni el suplemento de Deportes. Entonces, una vez que se vendió el departamento del familiar hay que limpiar y eso implica deshacerse lo más decorosamente de la biblioteca, mueble incomprensible para la generación Tiktoker. Así aparecen rarezas que le dan color a la librería, libros agotados, alguna que otra primera edición de Bioy Casares y también, por qué no decirlo, algún libro mágico de técnicas sexuales otantra candoroso que quizás tu abuelito o abuelita al final eran más sofisticados de lo que pensabas.
Está bien, quieren saber algo más porque el tema es divertido, y bueno este newsletter no termina acá. Les cuento algo más y les recuerdo amistosamente coparse y tirar una onda con el link del cafecito, matecito o la birrita tendrían que inventar para mí, y así yo sigo escribiendo semanalmente. Los más altruistas se desprenden de algunos libros que les guardarán cariño por mucho tiempo para dar paso a otras lecturas o beneficiar el circuito de oportunidades que ofrece el libro usado. Y por último, la gente que le da igual la literatura y ni siquiera tienen la delicadeza de ver qué es lo que hay y generalmente les viene bien cualquier cifra de dinero en efectivo aunque sea insignificante, ellos quieren el cash. Éstas también pueden ser buenas oportunidades para los libreros que tenemos el ojo afinado como fotógrafo de la National Geographic y sabemos rescatar el valor literario de los ejemplares más allá de que la edición pueda tener más de 30 años. Pero lo peor es que esa gente a veces trae las cajas con tal batifondo que no se extrañen que entre estatuillas de santos y algún perfume de señora mayor que nunca me he atrevido a abrir, haya hasta una carta de amor inconfesable o unos billetes de 10.000 Australes. Así que sean cuidadosos con sus libros porque dicen mucho de uno. No es lo mismo si al abrirlos hay una flor o un olor a pucho inhumano. También las colecciones se prestan al juego de detective en las que uno hace sus propias conclusiones, deduciendo que probablemente las novelas románticas rosas, serán de la abuela y los policiales y ensayos políticos del abuelo. Pero si eso no sucede, al menos nos da de qué hablar a los artistas. Cerramos con una reflexión: si acaso el canje de libros representa el acto de soltar para poder dar lugar a otras cosas que lleguen o algunos deseos se materialicen, también puede replicarse este acto a una acción aventurada de higiene del alma. Ahora bien, la pregunta es la siguiente, ¿de qué estarías dispuesta/o a desprenderte en pos de obtener algo que uno anhela?